LA PASION

LOS PILARES DE LA RELACIÓN: LA PASIÓN.

Le toca el turno a la Pasión. Parece que la pasión no necesita tarjeta de presentación. Hablar de ella es encontrarnos con la poesía, entramos en el terreno doble de su reconocimiento inmediato a la vez que a su siempre irresistible invitación a saber más de ella y sus misteriosos enigmas.

La Pasión como enamoramiento.

Pero empecemos por el principio: ¿De qué pasión estamos hablando en estas líneas? La pasión de nuestro autor base sobre los pilares de la relación, Sternberg, la vincula al concepto del enamoramiento.

Nos encontramos en el terreno del romance. El principio de casi toda relación. En ese cruce de miradas, en ese aroma que se cuela entre cabellos y vestimenta, nuestro cuerpo nos habla y dice que ese otro que se distingue entre el público ha de ser alguien especial, alguien que “promete” ser un posible complemento a nuestra existencia solitaria. Surge la curiosidad por el misterio que encarna el otro y empezamos esa relación especial. Es donde hacemos poesía y nuestra sinfonía empieza a sonar. La pasión viene a ser una expresión del amar.

La Pasión como motor del campo de la pareja.

Es precisamente gracias a la pasión que se mantiene viva la flama de la relación. La pasión es su motor, y sin ella la relación se volvería puro compromiso e inercia en el estar con el otro. La pasión es lo que mantiene viva la curiosidad de entrar, de conocer, de acompañar, de profundizar, de seducir, de no perder, que cuidar al otro y mantenernos atractivos, de quererle hasta el infinito y más.

Del apasionamiento sexual y algo más.

Nada habla más claro para la pareja que el cuerpo enardecido en excitación de su compañero/a. Cuando el cuerpo expresa su deseo en sus innegables manifestaciones sintomáticas, está claro para ambos que hay un irrefrenable deseo por el otro que busca saciarse en ese encuentro íntimos entre los dos cuerpos.

Algunas filosofías antiguas como el budismo nos muestran que, en el encuentro de los dos cuerpos, el hombre y la mujer recrean la fusión con la energía del universo. El encuentro sexual viene a significar ese momento en el que se borran las diferencias que separan a ambos sexos, para convertirles en unidad gracias a ellas: pasividad y actividad, continente y contenido, feminidad y virilidad se encuentran en un campo dinámico, entre el fuego y el agua, el espacio y el tiempo, es un momento íntimo, único e irrepetible de dos que no se asemejan a más nadie, ahí pasa todo y tanto, tan sencillo y complejo, tan armónico y torpe, tan noble y vano, que lo es todo y a la vez es nada. Aquí sólo puedo hacerles una invitación: déjense llevar y experimenten, el momento es suyo y de nadie más, disfruten y creen en la intimidad que les da ser y estar en ese lugar y tiempo.

La pasión sexual nos muestra su cara espiritual más icónica cuando encarna una vida, que enlaza un alma con la tierra. Esa es su expresión inmaculada para los escépticos del amor y los simplistas carnales de la pasión. La pasión es vida, tanto que es capaz de crearla, gracias al encuentro de dos que en sus diferencias se hacen uno por un momento para dar entrada a un tercero.

Las Pasiones compartidas.

La pasión tiene distintas formas en la relación. Su expresión más inmediata es la intimidad sexual, grandiosa y necesaria para hacer de un amor compañero, un amor romántico y pasional. Sin embargo, la pareja tiene sin fines de oportunidades de crecimiento y maduración cuando la pasión no les implica sólo gozarse mutuamente, sino gozar de otras actividades y cosas que puedan compartir en conjunto. Desde los deportes, la comida y los viajes, hasta la lectura y ver películas, cada pareja es un mundo y en ese mundo se crean pasiones compartidas. Vale la pena irlo ampliando y alimentando de actividades, que permitan la sensación de confort mutuo, a la vez que la innovación de las experiencias, es un juego dinámico que pretende hacerse inagotable, hasta el último sorbo de vida si es necesario. Algunos logran la magia que implica, sabiendo de nuevo de sus amenazas y bajas.

Los atentados a la Pasión.

La pasión sin embargo corre dos riesgos amenazantes: disminuirse o perderse, y transformarse en odio irrefrenable.

Que la pasión decaiga es una de las mayores angustias de las parejas. Es normal que pase, pues las parejas pueden caer en la tentación de la inercia y de la superficialidad. Estos serían sus mayores atentados. Si somos cuidadosos tomaremos de ello lo necesario: de la inercia la conformidad de saber que hay una relación que brinda seguridad gracias al compromiso, pero que no atente con desvanecer la pasión al dejar de crear en sus distintos terrenos, desde la cama hasta los intereses compartidos fuera de ella. Debemos entender que la pasión sexual suele atravesar por ciclos en la relación, propios de los momentos difíciles en las parejas, tanto por tensiones externas como internas. A veces estos bajos no serán necesariamente malos, pueden entenderse en las relaciones extensas como pequeñas pausas que aumentan el miedo a perderse mutuamente para reinventarse en sus distintos terrenos. La falta de completud es también un buen momento para la creación, sólo creamos en el terreno de lo incompleto. Tendremos que saber darle entonces el vuelco al terror para transformarlo en inspiración.

La segunda amenaza de la pasión es su capacidad de transformarse en odio allí donde hubo (y hay) amor. Así como la pareja despierta nuestros deseos más sublimes de amor, también podrán hacerlo de odio. Habrá que entender que cuando esto pasa suele ser porque nos encontramos con las diferencias que tenemos con nuestra pareja, y estas diferencias nos parecen una amenaza a nuestra idea original del paraíso en la tierra. La pasión desenfrenada deberá dar paso a la cabeza, para no acabar incluso con lo bueno que tenemos. Esto quiere decir que deberemos contenernos, debemos evitar los malos tratos y pensar en cuán graves, inmanejables o innegociables son esas diferencias con nuestra pareja. Si las respuestas son positivas en pro de la relación: son manejables, no son tan graves y son negociables, nuevamente nos encontraremos en el terreno de la creación, y será una invitación a reinventarnos y crecer en el amor, gracias a todos los componentes de la relación: la pasión misma, el compromiso, y la intimidad que tenemos.

 

DRA.YONE ALVAREZ BOCCARDO

PSICOANALISTA

www.cimabienestarpsicologico.com

GRUPO CIMA BIENESTAR PSICOLÓGICO

 

 



Volver arriba

Volver Psicologia al día